La brecha de género en el mundo tecnológico se resquebraja, pero no se rompe

El reciente Mobile World Congress sirve como termómetro para observar hasta qué punto la ola a favor de la igualdad y contra el acoso ha llegado a la gran industria tecnológica. Aunque hay avances, el sesgo masculino todavía está lejos de desaparecer

La escena ocurrió en el final del penúltimo día del Mobile World Congress (MWC). Alguien de la organización pensó que era buena idea reducir ligeramente el aforo del principal auditorio de Fira Barcelona. Dicho y hecho: un día antes de la conferencia sobre la brecha de género en la industria tecnológica unas cuantas sillas fueron retiradas de la enorme sala. El temor a que el aforo fuese demasiado grande estaba en el aire. Y así ocurrió.

El jueves, jornada de cierre del gran congreso de negocios en nuevas tecnologías, tuvo lugar en el mencionado auditorio la charla de Women4Tech, el programa impulsado desde la patronal de la industria móvil para achicar el indiscutible machismo que tradicionalmente ha caracterizado al sector. El público en la sala, al comenzar el acto, a duras penas ocupaba la mitad de los asientos. Nada que ver con las conferencias estrella de los días previos –protagonizadas, tal y como recordaba Hipertextual, en su gran mayoría por hombres-, cuando difícilmente se encontraba una silla vacía.

La anécdota puede servir como metáfora del momento que viven las grandes, y no tan grandes, empresas tecnológicas. La ola a favor de la igualdad de género también ha llegado al sector, que experimenta avances. Pero la base de la que se parte la ejemplifica bien una imagen. Hace apenas tres años, en la edición de 2015 del mismo congreso, la compañía china ZTE promocionaba sus móviles con bailes de azafatas ligeras de ropa… frente a un pelotón de solo hombres.

Los cambios desde entonces han sido varios. Para empezar, el uso del cuerpo femenino para promocionar productos durante el MWC ha quedado prácticamente desterrado. Al menos en lo que se refiere a las azafatas: grandes marcas como Huawei apostaron este año por equipos compuestos por mitad chicas, mitad chicos.

A ello se añade el aumento de actividades a favor de la igualdad de género en la industria o, por otro lado, el (lento) crecimiento del porcentaje de asistentes mujeres al evento. Según los datos del organizador, GSMA, este año el 24% de los congresistas fueron mujeres, cuando hasta hace poco este porcentaje no alcanzaba el 20%.

La jornada por la igualdad… en el último día del MWC

“Hoy todo todo el mundo entiende por qué es necesario, hace tres años no era así”, asegura Laura Ábalos, directiva de Telefónica, en una de las charlas organizadas por Women4Tech. Para a continuación advertir sobre la necesidad de cambios concretas: “el business as usual nos mantendrá en la situación en la que estamos ahora, que no es buena”.

Ábalos pronunciaba estas palabras apenas media hora después de terminar la conferencia a la que nos referíamos al principio, que sirvió como pistoletazo de salida a esta jornada dedicada a la mujer en la industria tecnológica… y cuya ubicación en el programa causó cierto malestar.

“Es lamentable que se haga el último día, cuando muchos empresarios ya no están en el MWC”, reflexiona Josefina Nonell López, holandesa de origen argentino-español. “Este cambio se tiene que hacer de la mano del hombre. Pero con una sala tan vacía, no llegas a transmitir el mensaje. Haciéndolo el primer o segundo día el impacto sería mucho mayor el impacto”, asegura frente al pabellón de firmas tecnológicas patrocinadas por el gobierno de Holanda, para el que Nonell López trabaja.

Josefina Nonell López, en el pabellón holandés durante el MWC. Foto: Pablo Jiménez

Más empleadas, pero pocas ejecutivas

Mats Granryd, director de GSMA, hacía en dicho acto una especie de promesa de enmienda de la gran industria, dirigida mayoritariamente por hombres. “Tenemos que cambiar la cara de la industria móvil. (…) Tenemos que hacerlo mejor, empezando por los niveles más altos de las compañías, incluyendo a los CEO. Tenemos que estar seguros de que las políticas internas de las empresas cambian.”

Un estudio elaborado por Linkedin en 2016 aseguraba que en la última década los cargos femeninos en la industria tecnológica a nivel mundial habían aumentado un 18%. Muchos de ellos, sin embargo, corresponden a niveles intermedios de las compañías, no a miembros de los equipos directivos. “Necesitamos más empleadas en el sector, pero sobre todo más ejecutivas”, aseguraba Berit Svendson, consejera delegada de Telenor Norway, primer grupo de telecomunicaciones del país escandinavo.

¿Innovaciones tecnológicas con sesgo sexista?

Otro de los puntos clave que señalan las profesionales consultadas para este artículo es la brecha todavía presente en la educación tecnológica. A día de hoy apenas una de cada cuatro alumnos de ingeniería en España son mujeres, de acuerdo a los datos del Instituto de la Mujer. Cifras similares se pueden encontrar en referentes del sector, como Reino Unido o Estados Unidos.

Esto se refleja en las plantillas de las grandes tecnológicas a nivel mundial. Pero también en las innovaciones de la industria y en sus productos. “El 90% de los programadores que están trabajando sobre la Inteligencia Artificial (AI, por sus siglas en inglés) son hombres. Eso va a mantener el sesgo a favor del hombre”, señala Lisa Wang, fundadora del colectivo de empresarias SheWorx.

Una azafata durante la conferencia de Women4Tech en el MWC. Foto: Pablo Jiménez

Y ya hay ejemplos prácticos de esto, añade Svendson, refiriéndose a cómo hasta hace poco el asistente personal de Amazon, conocido como Alexa, respondía con un lacónico “Gracias por el feedback” ante un comentario sexista y agresivo del usuario.

Tecnología demasiado cara, sobre todo para las mujeres

Si cambiamos el foco desde Sillicon Valley a otros lugares menos glamurosos la cuesta en el camino hacia la igualdad resulta todavía más empinada. En los países empobrecidos, 1.700 millones de mujeres no tenían en 2015 acceso a un teléfono móvil debido a su alto coste, según un estudio de GSMA. 200 millones más que en el caso de los hombres. En el acceso a internet la brecha todavía es mayor: 2.300 mujeres carecen de esta herramienta y son 250 millones más que en el género opuesto.

Este último dato corresponde a Women 20 (W20), la agenda por el desarrollo inclusivo impulsada desde los países del G20. La actual presidenta de este ente, la argentina Susana Balbo, alzó la voz en Barcelona sobre esta cuestión, especialmente delicada en algunas zonas de continentes como África. “Las mujeres en el ámbito rural tienen un acceso limitado a la digitalización, ya que no tienen capacidad financiera para acceder a los dispositivos”.

“Internet y los dispositivos tienen que ser más accesibles y asequibles”, requirió. Quizás a alguno de los mandamases de la industria, no presentes en la sala, le silbaron los oídos.

Abimbola Odedeyi, empleada de grupo nigeriano First Bank y que escuchó en directo las palabras de Balbo, concuerda con su análisis. “En mi país culturalmente todavía hay una brecha, una brecha enorme. Y la tecnología es una gran herramienta de empoderamiento”, señala. Circunstancia de la que desde Occidente en ocasiones no se es consciente.

Susana Balbo, presidenta de Women 20, habla durante la conferencia de Women4Tech. Foto: Pablo Jiménez

Dos caminos en paralelo

Francesca Gabetti y Sandra Arévalo han seguido caminos paralelos. Una y otra, italiana y colombiana respectivamente, hicieron carrera en multinacionales para luego fundar una empresa propia. Y ambas son las dos primeras ganadoras de Hack the Gap, el concurso impulsado desde Women4Tech para premiar soluciones tecnológicas que impulsen “la diversidad y el equilibrio de género en la industria tecnológica”.

Gabetti es la consejera delegada de Team EQ, una herramienta que mide “en tiempo real” la aplicación dentro de una empresa de valores como la confianza mutua o la coordinación entre empleados. Lo que en el mundo anglosajón se conoce como características soft, tradicionalmente asociadas a las mujeres, y al mismo tiempo cada vez más valoradas en la gran empresa.

Por su parte, Arévalo es la creadora de Wisar, una plataforma pensada para poner en contacto a empleadores y profesionales que busquen ocupar un puesto de trabajo “flexible”. Esto es, un empleo que no exige la presencia constante del trabajador en la empresa y que permite la conciliación. Otra de las tendencias crecientes en el nuevo mercado laboral y que, por desgracia, aún se sigue asociando sobre todo a candidatas femeninas.

“Hay que ayudar al hombre a reubicarse socialmente”

Un día después de que Gabetti le pasase el testigo del premio a Arévalo, ambas se sientan en una mesa para reflexionar sobre el papel de la mujer en la industria y la validez de iniciativas como Women4Tech. “En algún momento este programa tendrá que pasar a llamarse AllForTech, o TogetherForTech… O TechForSociety. Este último nos gusta más”, bromean al unísono.

Francesca Gabetti y Sandra Arévalo, ganadoras del concurso Hack the Gap en el MWC. Foto: Pablo Jiménez

Ambas profesionales hacen hincapié en que “más que igualdad de género, lo que queremos es igualdad de responsabilidades, o corresponsabilidades”, señalan. En ese sentido rechazan actividades como los tours organizados por el propio MWC para concienciar sobre la brecha digital y a los que, finalmente, acaban acudiendo solo mujeres.

“Si no involucramos al hombre en esto no tiene sentido”, señala Arévalo. Aunque matiza: “al hombre hay que ayudarlo también; reubicarlo socialmente”.

Un cambio estructural

En este sentido, muchas voces femeninas rechazan reducir el debate a una cuestión de estadísticas o números. Ya que en ocasiones estos esconden una pervivencia de las desigualdades. El hecho de que en ferias como el MWC aumente el número de asistentes mujeres pero no tanto el de conferenciantes de peso puede ser un buen ejemplo. También la decisión de concentrar su protagonismo en un solo día, que además se relega a las últimas horas del congreso, cuando todo el mundo está de salida.

“Si solo miras el síntoma, crearás solo un cambio de corto alcance. ¿Cómo construimos una cultura de cambio real?”, se preguntaba Lisa Wang, en relación a los típicos informes de diversidad que al final del año realizan muchas empresas del sector.

Quizás el cambio tiene que ir más allá. Y, preguntada por dónde empezar, la propia Wang respondía al auditorio: “una opción es que la próxima vez que veáis a una chica joven, en vez de decirle lo guapa que es, le preguntéis qué esta construyendo, qué es lo último que ha estado leyendo”.

Texto y fotos publicadas en The Objective.

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