El Winter Palace de Luxor: el hotel que contó al mundo el mito de Tutankamón

Luxor es un lugar tórrido durante casi todo el año. Esta ciudad edificada sobre la antigua Tebas, capital del Imperio Nuevo del Antiguo Egipto, descansa en la orilla oriental del Nilo. El asfalto polvoriento y los templos (Karnak y Luxor) dedicados a los antiguos faraones conviven en el destino turístico más popular del país norteafricano después de El Cairo.

Sobran los motivos para visitar este lugar. Del otro lado del río, en el lado occidental, está una de las mayores concentraciones de restos arqueológicos del mundo: el Valle de los Reyes, Medinat Habu, los Colosos de Memnón o el templo de Hathsepsut se arremolinan en unos cuantos kilómetros cuadrados.

Cuando Howard Carter llegó a Egipto en los primeros años del siglo XX Luxor era un sitio muy diferente al actual. El egiptólogo británico que en 1922 descubriría la tumba de Tutankamón se instaló en una ciudad a la que apenas comenzaban a llegar los primeros visitantes extranjeros. La mayoría de ellos hijos de las élites europeas atraídos por sus maravillas arqueológicas, además de por el clima –seco y caluroso, idóneo para curar ciertas enfermedades– que promocionaban los folletos turísticos de la época.

Hoy en Luxor convive el caótico tráfico de las ciudades egipcias con la serenidad de sus yacimientos. Las filas interminables de turistas que suben y bajan de los barcos atracados en el Nilo con los locales que se arrodillan para rezar ante las mezquitas. La arquitectura moderna y desordenada de una población que sigue creciendo con edificios que, aunque a veces no nos demos cuenta, transpiran historia por sus fachadas.

El anuncio del descubrimiento

Un ejemplo de estos últimos es el Winter Palace. Este hotel fue testigo directo del que posiblemente es el hallazgo arqueológico más célebre del siglo XX. Desde las escaleras de este edificio de estilo colonial Carter anunció a los periodistas que acababa de descubrir la última tumba casi intacta de un faraón egipcio.

El Hotel Winter Palace, en Luxor (Egipto) / Wikimmedia (Marc Ryckaert)

El 26 de noviembre de 1922 el egiptólogo británico, acompañado por su mecenas Lord Carnarvon, difundió la noticia: la tumba del joven rey Tut, diseñada para el descanso eterno del faraón, contenía cientos de objetos de valor incalculable, además de una momia en perfecto estado de conservación.

A partir de entonces el Winter Palace se convirtió en el centro de operaciones de los periodistas que viajaron hasta este rincón de África para conocer los detalles del descubrimiento. También de las autoridades egipcias y británicas –a pesar de que ya había sido reconocido como Estado independiente, Egipto seguía bajo control inglés– que querían departir con los autores de la hazaña.

Hoy la escalinata desde la que habló Carter sigue recibiendo al visitante que llega a este hotel con aire decadente. El color blanco de su fachada, los alargados pasillos de techos altos, el majestuoso vestíbulo y el enorme jardín que hay a su espalda dan suficientes pistas para imaginar cómo era la vida de las élites en los tiempos de la colonia. También la agradable terraza con vistas al Nilo que inspiró a Agatha Christie mientras escribía su novela Muerte en el Nilo.

Un hotel para las élites

Pero la historia del Winter Palace arranca antes del anuncio de Carter y de las primeras líneas esbozadas por Christie. En contra de lo que dice Sofitel, la cadena que actualmente gestiona el hotel, y del nombre de su principal restaurante (1886 Restaurant), este establecimiento se fundó en 1907. Así lo recogió la prensa local de entonces, que también relató el banquete de inauguración que tuvo lugar en el cercano Valle de los Reyes.

En aquel momento el interés por el Antiguo Egipto no se limitaba ya a las expediciones científicas de la época. Las clases pudientes de países como Inglaterra, Francia, Alemania y Estados Unidos se sentían atraídas por las maravillas que los libros y las exposiciones itinerantes contaban sobre esta antigua civilización. De ahí la necesidad de abrir hoteles más allá de El Cairo para hospedar a los forasteros que llegaban siguiendo el cauce del Nilo.

Con este fin se edificó en 1886 el cercano Hotel Luxor, hoy aparentemente abandonado y el primero de los hoteles levantados en el extranjero por Thomas Cook & Son, la empresa familiar de la que surgió el gigante mundial del turismo.

El segundo hogar de Lord Carnarvon

El Winter Palace rápidamente se convirtió también en el hogar de los hombres acaudalados que financiaban las expediciones de los egiptólogos de la época. Este fue el caso de George Edward Stanhope Molyneux Herbert, más conocido como Lord Carnarvon, un aristócrata inglés al que Carter convenció para hacer realidad su obsesión: hallar la tumba faraónica que supuestamente se había librado de siglos de saqueos y pillajes.

Tras más de un lustro de búsqueda sin resultados en el Valle de los Reyes, Carnarvon dio un ultimátum a Carter. O encontraba por fin algo que mereciese la pena o ese mismo año cortaría los fondos que mantenían viva la expedición. El lord inglés recogió sus cosas del afamado hotel y se volvió a las islas. Era 1922. Y pocos meses después Carnarvon recibiría el telegrama que anunciaba el célebre descubrimiento.

Carter esperó a que el aristócrata regresase a Egipto para abrir la puerta sellada que conducía a las cuatro cámaras repletas de tesoros. Con todo, Carnarvon apenas pudo saborear el hallazgo. En marzo de 1923, mientras se hospedaba en su suite del Winter Palace, enfermó repentinamente. Para morir pocos días después en El Cairo a causa de la picadura de un mosquito, que terminó por rematar a un hombre lleno de achaques.

Una conversación con Carter

A pesar de que Howard Carter se hizo construir una casa en las inmediaciones del Valle de los Reyes –hoy visitable y que acoge además una fiel réplica de la tumba de Tutankamón–, el egiptólogo mantuvo durante el resto de su vida un vínculo especial con este hotel.

Según cuenta el biógrafo T.G.H. James, en los últimos años de su vida Carter seguía frecuentando el vestíbulo y el porche del Winter Palace. Olvidado por la academia y los periodistas que un día lo hicieron famoso, el célebre arqueólogo se sentaba a ver pasar el tiempo en las zonas de recreo de hotel, deseoso de poder charlar con alguien interesado en conocer su historia y la de sus hallazgos.

Hoy en este alojamiento, que mantiene la calificación de cinco estrellas, no hay ya un Carter con el que conversar, pero un paseo por su jardín repleto de plantas exóticas o un té en la terraza frente al Nilo siguen siendo una buena manera de cerrar la visita a la ciudad de los faraones. También un modo de recordar los tiempos en los que Egipto fue el centro de atención del mundo gracias a una momia y sus incontables tesoros.

Texto publicado en Traveler.es.

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