Sutjeska: un bosque único en Europa en el corazón de los Balcanes

Bosnia – Herzegovina arrastra desde hace décadas el estigma de la guerra. A pesar de que han pasado ya 25 años desde el fin del conflicto en los Balcanes, muchos siguen asociando a este pequeño país encajonado entre Croacia y Serbia con el último gran enfrentamiento armado que padeció Europa en el siglo XX.

Pero Bosnia, por suerte, tiene mucho más que ofrecer que sus heridas. Incluido un parque natural que puede competir con las mejores áreas protegidas del continente para hacer senderismo.

En el extremo sur del país, pegando con Montenegro y en la parte central de los Alpes Dináricos, está el Nacionalni park Sutjeska. Un espacio natural de alrededor de 175 kilómetros cuadrados con alicientes de sobra para alejarse unos días de las masificadas costas croata y montenegrina. O para escaparse de la vibrante Sarajevo y disfrutar de una buena dosis de naturaleza y tranquilidad.

Para llegar hasta aquí la ruta habitual parte desde la capital bosnia y pasa por Foča, la ciudad más cercana al parque. Si se viene desde la costa y los alrededores de Dubrovnik hay que tomar la carretera que atraviesa la ciudad de Trebinje, en el suroeste del país. En cualquiera de los dos casos se llegará a Tjentiŝte, la pequeña población –un conjunto de casas y otros edificios desperdigados a ambos lados de la carretera- en el corazón del valle del río Sutjeska. Y el mejor lugar para alojarse y explorar la zona.

Un punto a tener en cuenta al visitar el parque es la escasa información disponible sobre el terreno si no se ha preparado el viaje previamente. Aun así, si se tiene alguna duda concreta sobre las rutas o los servicios en la zona los mejores lugares para preguntar son la recepción del Hotel Mladost y la pequeña oficina de turismo junto al restaurante Komlen, ambos a pie de carretera. Por cierto, contar con un vehículo propio es esencial para conocer a fondo el parque.

El bosque primario de Perućica

La joya natural de Sutjeska es Perućica, uno de los escasísimos bosques primarios que todavía quedan en Europa. O lo que es lo mismo, una área forestal de algo más de 1.400 hectáreas prácticamente virgen y que no ha sido explotada o fragmentada por la acción humana.

Este bosque tan especial es una combinación de altísimas hayas, abetos y píceas que luchan por asomar sus copas hacia el cielo. Un entorno con una vegetación tan densa que, vista desde las alturas, parece impenetrable.

El Parque Nacional de Sutjeska, en Bosnia, con el bosque Perućica en primer plano. Foto: Pablo Jiménez

De hecho, si se quiere visitar el interior de Perućica es necesario contratar un guía oficial del parque. Sólo se admiten grupos pequeños y está estrictamente prohibido acceder por cuenta propia. Una vez dentro, además de una biodiversidad única, es posible sentir muy cerca la cascada Skakavac. Una caída de agua de más de 75 metros que suena con estruendo al tocar el suelo.

Para los que prefieran ahorrarse la caminata necesaria para llegar al interior del bosque hay una alternativa. Desde Tjentiŝte sale una pista de asfalto y tierra que asciende hasta el parque natural. Poco después de pasar el control de los guardias llegaremos a Dragoš Sedlo (1.264 metros). En el lado derecho de la carretera aparece entonces un pequeño sendero que conduce hasta un mirador con probablemente las mejores vistas de Perućica y del conjunto del parque.

El monte más alto de Bosnia

Siguiendo por la misma carretera, y tras tomar el primer desvío a la derecha, enseguida llegaremos a Prijevor (1.668 metros). Atrás han quedado los enormes árboles que caracterizan la zonas más bajas del parque. Aquí toman todo el protagonismo las siluetas de los picos de más de 2.000 metros que encuadran el valle. Y entre ellos destaca el Maglić (2.386 metros).

La montaña más alta de Bosnia está justo en la frontera con el país vecino, Montenegro. Para acometer su ascensión son necesarios unos conocimientos básicos de escalada y equipo técnico. Si simplemente se quiere disfrutar desde la distancia de su imponente figura, el aparcamiento de Prijevor es el lugar indicado para dejar el vehículo y explorar los alrededores. A escasos 500 metros, a los pies de imponente Maglić, hay varios refugios de montaña que en los meses de verano cuida Radovan. Un pastor de la zona que también trabaja para el parque.

Desde este punto sale una preciosa excursión en dirección al lago glaciar de Trnovačko. Un recorrido de alrededor de 5 kilómetros que nos llevará, casi sin darnos cuenta, a territorio montenegrino –se recomienda llevar el pasaporte encima. Para regresar se puede desandar el mismo camino o rodear el lago y completar una ruta que incluye la ascensión y descenso del Magliç.

Aunque esta vertiente es la más accesible, el parque natural cuenta con otra zona llena de alicientes. En el lado opuesto del valle que forma el río Sutjeska está el macizo montañoso Zelengora. Para adentrarse en esta zona hay que tomar otra pista forestal que sale desde Tjentiŝte. Tras 15 kilómetros y multitud de curvas llegaremos a Donje Bara, un refugio de montaña a la orilla de un lago. De aquí nacen varios senderos para explorar la zona.

La batalla de Sutjeska

Si preguntamos a cualquier ciudadano de alguno de los países que formaban la antigua Yugoslavia qué les sugiere el nombre de Sutjeska la respuesta está clara: aquí, en las montañas que rodean al río homónimo, tuvo lugar una de las batallas más relevantes de la Segunda Guerra Mundial.

En mayo de 1943 las Potencias del Eje lideradas por la Alemania nazi lanzaron una ofensiva contra los partisanos del ejército nacional de liberación. El objetivo principal era capturar a su comandante, el mariscal Josip Broz Tito –posterior presidente de la extinta Yugoslavia. La victoria del Eje parecía cantada: sus tropas prácticamente quintuplicaban a las de los partisanos.

Memorial de guerra en homenaje a la batalla de Sutjeska, en Tjentiŝte (Bosnia). Foto: Pablo Jiménez

Pero lo impensable ocurrió. Los bosques, montañas y laderas que hoy integran este parque natural fueron un infierno para ambos bandos. Un campo de batalla imposible en el que los partisanos, mejores conocedores del terreno, lograron resistir pagando con la vida de cerca de 7.000 soldados.

La cultura popular del nuevo Estado que surgió tras la guerra convirtió la batalla de Sutjeska en un mito. Un motivo de orgullo militar e identitario que Tito se encargó de arengar. También a través de la película de 1973 La Quinta Ofensiva (Sutjeska, en su versión original), la producción más cara de la historia del cine yugoslavo y protagonizada por la estrella británica Richard Burton.

El simbolismo de este lugar queda claro con el grandioso memorial de guerra que hay en la parte central del valle. Inconfundible desde la carretera que atraviesa Tjentiŝte. La obra, levantada en los años 70 del siglo pasado, es una gigantesca escultura de estilo socialista. Sus dos aparentes alas representan a dos columnas de partisanos rompiendo el cerco nazi. Un homenaje a los caídos y una última sorpresa que descubrir en el corazón de los Balcanes.

Texto publicado en Traveler.es.

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