La epidemia juvenil del juego que todos vieron venir

Los problemas asociados a las apuestas y otros juegos de azar entre los jóvenes españoles crecen desde hace años. La nueva ley de publicidad del sector limitará, solo parcialmente, las agresivas estrategias de marketing de las empresas del sector. ¿Suficiente para frenar el problema?  

Texto publicado en The Objective

Sara Moracca, Silvia Lazzaris y Katharina Kropshofer colaboraron en este reportaje. El texto es parte de una investigación sobre la regulación de las apuestas y el juego online en Europa, que cuenta con el apoyo de IJ4EU (Investigative Journalism for Europe).

Pablo explica al otro lado del teléfono el día exacto en que se dio cuenta del “problemón” en el que estaba metido. El 11 de marzo del año pasado, tres días antes del primer confinamiento por la pandemia, este joven de 21 años natural de Colindres (Cantabria) se levantó llorando y con un desagradable sentimiento de culpa en el cuerpo. El día antes había vuelto a caer en uno de esos “arrebatos”, como él los llama. Se había gastado el poco dinero que le quedaba en la cuenta en una apuesta online a un partido de la NBA, la liga estadounidense de baloncesto.

Aquel día trasnochó para ver a los Lakers, observó cómo su dinero se esfumaba y se fue a dormir. Apenas descansó un par de horas, recuerda. “Ese día me di cuenta del problema que tenía. Y creo que ahí también empecé mi recuperación”. Pablo ha pasado los confinamientos “muy muy bien”, señala. Al poco de comenzar la crisis sanitaria se fue a la casa de sus abuelos en la montaña cántabra. Allí ha estado relajado –“he tenido tiempo para pensar mucho, también lo tonto que fui”- y dedicado a sus estudios, sin volver a apostar por internet. “Es como si me hubiese quitado la presión aquel día…”, relata.

El perfil de Pablo –joven, con estudios, de nivel socio-económico medio o alto- encaja con la descripción tipo del nuevo perfil de ludópata o adicto al juego. Él, según sus palabras, reconoció el problema antes de llegar a un punto de no retorno.

Un nuevo perfil de ludópata

Los expertos consultados para este artículo coinciden en un claro cambio de tendencia en los últimos años. Hasta hace poco en España a las clínicas especializadas en adicción al juego llegaban hombres de edad avanzada y enganchados a las máquinas tragaperras o al bingo. Hoy cada vez más por la puerta entran chavales que han caído hasta el fondo en el mundo de las apuestas deportivas. O que funden su dinero jugando por internet al póker.

“Da la impresión que el juego patológico en España no ha crecido abruptamente en los últimos años. Pero sí ha cambiado el perfil: el porcentaje de jóvenes entre los jugadores problemáticos ahora es mayor. Perfectamente se puede haber triplicado en la última década”, señala José Cesar Perales, investigador en la Universidad de Granada sobre adicciones asociadas al juego. Este incremento entronca con un relevante cambio de hábitos en el ocio de los españoles, especialmente en el de los más jóvenes.

Según la última encuesta sobre adicciones del Ministerio de Sanidad (EDADES, correspondiente al bienio 2019-2020) un 8.3% de los españoles entre 15 y 24 años reconoce haber jugado online con dinero en el último año, cifra que sube hasta el 9.3% para la franja de entre 25 y 34 años. Porcentajes mucho más altos que los registrados en la anterior encuesta (2017-18, la primera en la que se recogió esta conducta): 5.1% y 5.8%, respectivamente. El mismo estudio refleja también incrementos, algo menos acusados, en el juego con dinero presencial entre la población juvenil.

Desde las asociaciones que trabajan con jugadores o ex jugadores en tratamiento refuerzan esta idea. Muy ligada también al formato de juego en el que suele caer este nuevo tipo de ludópata. “Si hace diez años el perfil de nuestros pacientes era un varón de 45 años, jugador de tragaperras, bingo y casino; ahora es un varón de entre 28 y 35 años de edad -con un claro sesgo descendiente- y jugador de apuestas deportivas y juego online”, explica Juan Lamas, director técnico de FEJAR, la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados.

Deporte y apuestas, una mímesis muy lucrativa

El juego en España vivió un punto de inflexión a finales de la década de los 2000. Fue entonces cuando comenzaron a operar en nuestro país las primeras empresas de apuestas deportivas y juego online. En 2011 se aprobó una nueva Ley del Juego, que dotaba de un marco legal y administrativo a este sector, que hasta entonces se movía en una cierta alegalidad. En estos dos lustros las casas de apuestas en España han extendido sus tentáculos en diferentes direcciones.

Los locales para apostar se han convertido en habituales en la mayoría de ciudades, especialmente en los barrios más populares. Mientras, la industria del deporte se ha abrazado a las operadoras, prácticamente mimetizándose. Hoy empresas como Bet365, Codere, William Hill, Betfair o Bwin, por mencionar solo algunas, copan los anuncios de los espectáculos deportivos. Todavía más si hablamos de fútbol. En ocasiones hasta integrarse en las propias retrasmisiones de los partidos, a través de las voces de los narradores y sus comentaristas estrella.

Año tras año los márgenes de estas compañías crecen sin freno –incluso durante el confinamiento de la pasada primavera-, revirtiendo estas ganancias en millonarios patrocinios con los principales equipos de fútbol del país. Pero los logos en las camisetas de los clubes o los famosos animando a apostar en horario de máxima audiencia parece que tienen los días contados.

Un decreto tras varios intentos fallidos

En noviembre pasado el Ministerio de Consumo, competente en esta materia, aprobó el nuevo decreto sobre la publicidad del juego y las apuestas. Esta regulación, largamente esperada por expertos y asociaciones de jugadores, llega tras varios intentos fallidos. Fuentes participantes en la elaboración de la norma explican que en los últimos años varios borradores han circulado entre los asesores de los diferentes gobiernos. Hasta que la coyuntura política ha permitido su aprobación. En palabras del ministro Alberto Garzón, el decreto pretende poner orden en “la ley de la selva” publicitaria que hasta ahora había en España.

Hibai López-González, investigador sobre el impacto de la publicidad y la comunicación en las adicciones, valora positivamente el paso dado. “Al final se ha hecho una cosa, no sé si efectista, pero desde luego sí efectiva a la hora de limitar los aspectos más visibles del juego”, resume López-González.

Entre otros aspectos, la ley relega los anuncios de apuestas en televisión y radio a la franja horaria de entre las 1.00 y las 5.00 de la madrugada; prohíbe los contratos de patrocinio con clubes deportivos; cancela los bonos promocionales como instrumentos de captación; e impide la presencia de famosos en los anuncios de juego. Cada una de estas medidas, eso sí, se implementarán en diferentes plazos en los próximos meses.

Aunque la intención del Gobierno era prohibir desde la misma aprobación del decreto todas estas prácticas, la presión de las operadoras y de los propios clubes de fútbol ha ralentizado el proceso.

“Cambio de paradigma”

José César Perales destaca que esta regulación supone un “cambio de paradigma” en la manera en que las administraciones regulan las apuestas y el juego en España. “Si hasta ahora [el paradigma] era el de juego responsable, donde la responsabilidad se ponía en el jugador; ahora se cambia por una orientación de salud pública. (…) El juego es un agente de riesgo para la salud pública y por tanto hay que regularlo”, destaca este investigador.

Con todo, para este y otros expertos la publicidad no es ni mucho menos el único factor decisivo que lleva a una persona a jugar compulsivamente. Pero sí resulta clave en la aceptación de esta actividad como una forma de ocio más –obviando los riesgos que lleva implícitos su abuso-, especialmente entre los más jóvenes.

“La publicidad no necesariamente tiene un impacto hoy sobre tu conducta. Pero si desde joven te bombardean continuamente con anuncios, mostrándote que las estrellas del deporte y otros modelos de éxito juegan, eso produce un efecto de normalización. Por tanto desplazar la publicidad hacia sitios donde los menores no tengan acceso, reduce ese efecto”, sintetiza Perales. 

El melón de la publicidad en internet

El grueso de esta ley se centra en la publicidad en formatos tradicionales. Y aunque también limita algunas formas de publicidad en internet (como los anuncios en Youtube o los envíos de correos electrónicos, salvo consentimiento expreso), la regulación en el entorno online se aborda de un modo mucho más sucinto. En parte, señalan las voces consultadas, por la complejidad de la tarea. Y ello a pesar de su relevancia, especialmente si hablamos de un público joven.

Desde la Asociación Catalana de Adicciones Sociales, ACENCAS, confirman su preocupación sobre la proliferación de los anuncios en el entorno online. “Ahí estamos hablando realmente del problema real. La gente más joven mira poco la tele, no mira el periódico, ni escucha la radio… la información que les llega es vía internet. Pero habrá que hilar muy fino, es casi como ponerles puertas al campo”, señala su portavoz, Francesc Perendreu. Perendreu apunta que este es y será uno de los “caballos de batalla” de su entidad en la interlocución que mantiene, como otras asociaciones, con el Ministerio de Consumo.

Julia Hörnle es profesora de leyes en la Queen Mary University de Londres y una de las principales expertas a nivel europeo en legislaciones digitales. “Creo que uno de los problemas con la publicidad en internet es que el actual sistema todavía está en el siglo XX. Las regulaciones no saben qué hacer con la publicidad basada en algoritmos, que trazan el perfil del usuario”, reflexiona Hörnle.

“Creo que en el sector del juego esto es muy problemático, ya que el sistema funciona en base a la probabilidad de que alguien haga clic en un link. Así que si alguien es potencialmente vulnerable a una adicción al juego, también es más probable que haga clic en el enlace”, continúa. Esta investigadora y otros colegas también apuntan a la importancia de las redes sociales: espacios donde la separación “entre lo que es publicidad y contenido propio” no está ni mucho menos clara.

“Ahora soy consciente de esa vergüenza”

Desde Colindres, Pablo se enerva al mencionar el asunto de la publicidad del juego. Este joven, que realizó su primera apuesta en un local frente al estadio del Racing de Santander, durante su primer año de universidad, reconoce su alivio al no tener “esas ganas por jugar” que antes le brotaban. 

En su camino particular para reconocer el problema, Pablo tuvo un apoyo decisivo, según sus palabras, en la sede de la capital cántabra de Jugador Anónimos. Esta asociación agrupa a jugadores y ex jugadores que han dado el paso de contarse mutuamente los dificultades que suelen venir asociados a esta adicción: desde la ansiedad y la depresión a las deudas económicas o la pérdida de amistades y familia.

“Ahora soy consciente de la vergüenza que son los anuncios de las casas de apuestas. Estás viendo un partido y en el descanso… ahí te los meten, me cago en sos. Encima que son muy listos y ponen a un famoso ahí, no a un mindundi. Te venden como que solo son ganancias y no es así. Al principio igual ganas, pero luego…”, advierte Pablo.

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